ALIANZAS INTERNACIONALES (III)

Las alianzas de grado medio: Joint Venture y otras formas asociativas

En el presente artículo analizaremos las distintas figuras asociativas que suelen utilizarse en el ámbito internacional con el objetivo de establecer alianzas empresariales, más allá de la mera contratación a la que se ha hecho referencia anteriormente. Entre estas figuras, destaca especialmente la Joint Venture, la cual, con origen anglosajón, se encuentra ubicada dentro del género de los contratos de colaboración. Adicionalmente, existen otras alternativas de carácter asociativo como, por ejemplo, las sociedades conjuntas, las Agrupaciones de Interés Económico (AIE) o las Uniones Temporales de Empresa (UTE) a las que también dedicaremos algunas líneas.

Con carácter general, podríamos definir el Contrato de Joint Venture como aquel acuerdo de colaboración mercantil entre empresas que puede tener diversos objetivos como, entre otros, el desarrollo de un negocio común, la colaboración con un aliado para implantarse en mercados externos o ejecutar proyectos complejos, el aprovechamiento de sinergias, etc.

Esta figura asociativa ha ido internacionalizándose atendiendo a su creciente uso en la actividad transfronteriza de las grandes empresas multinacionales, sin embargo, el Contrato de Joint Venture ha superado la esfera de las grandes empresas transnacionales, para convertirse en un instrumento al servicio de aquellas pequeñas y medianas empresas que desean ampliar sus negocios, tanto en el ámbito doméstico como en el extranjero.

Respecto a su contenido, en el Contrato de Joint Venture se deben regular aquellas cuestiones que sean necesarias para poner en marcha y gestionar la alianza y, como mínimo, las siguientes: el objeto de la colaboración, las aportaciones a realizar por cada una de las partes, la forma de organización y administración, el procedimiento para la toma de decisiones y para el reparto de beneficios y perdidas, así como el medio de solución de controversias que puedan surgir durante el desarrollo de la relación.

A pesar de no ser un elemento indispensable del Contrato de Joint Venture, resulta habitual que en el mismo se prevea y regule la constitución de una sociedad conjunta como medio para la ejecución del acuerdo de colaboración. En caso de que la participación en la sociedad sea al 50%, resulta de vital importancia regular posibles situaciones de bloqueo en la toma de decisiones mediante la firma de un acuerdo de socios, al objeto de evitar la paralización de la actividad de la sociedad.

Lo anterior se encuentra muy relacionado con otra de las cuestiones que se plantean en las Joint Venture con componente internacional: ¿Debemos considerar el capital y su control como equivalentes? O dicho de otro modo, ¿la propiedad de la mayoría del capital social garantiza el control sobre la Joint Venture?

En principio, la respuesta podría parecer afirmativa, ya que, la propiedad de la mayoría del capital, y el derecho a voto derivado de ésta, confieren al socio que ostenta esa mayoría un potente instrumento de control sobre la Joint Venture. Sin embargo, debe tenerse en consideración que, en el ámbito internacional, el control no puede considerarse como una consecuencia implícita de la propiedad. Así, es frecuente que en las Joint Venture internacionales localizadas en países en vías de desarrollo, la legislación obligue a la multinacional a crear la Joint Venture con un socio local al que, además, se le debe atribuir la mayoría del capital.

No obstante, y a pesar de ese control de la mayoría del capital, la contribución del socio local se limita, generalmente, al conocimiento de país y al desarrollo de las actividades de comercialización. Es decir, mientras que la mayoría del capital, por imposición legal, corresponde al socio local, es el socio extranjero el que ejerce un control dominante sobre la mayor parte de las actividades de la Joint Venture, ya que, es éste socio el que posee el conocimiento y las habilidades directivas necesarias para controlar y desarrollar adecuadamente las mismas.

Ese control efectivo por el socio extranjero, se consigue mediante la correcta regulación contractual de cuestiones como, por ejemplo, un posible derecho de veto en la adopción de ciertas decisiones o el derecho al nombramiento del personal directivo clave de la Joint Venture.

Por último, simplemente señalar que un correcto enfoque de las negociaciones con nuestros “partners” agilizará y facilitará la alianza, por lo que deben plantearse aquellas cuestiones que se consideran esenciales desde un primer momento y con la suficiente claridad.

Por otro lado, existen otras alianzas internacionales habituales en el tráfico jurídico internacional:

En primer lugar, encontramos las sociedades conjuntas a las que indirectamente ya hemos hecho referencia en relación con el Contrato de Joint Venture, ya que, se trata de una de las formas habituales de instrumentalizar la colaboración formalizada en el referido contrato. En este caso, además de la necesidad de regular posibles situaciones de bloqueo derivadas de una participación en la sociedad al 50%, es necesario que, ya sea en la propia escritura de constitución, o bien, vía pacto parasocial, los socios regulen los siguientes aspectos: valoración de las aportaciones de cada socio, condiciones aplicables a las prestaciones de servicios que vayan a realizar los socios a favor de la sociedad, así como el régimen de actuación de los órganos gobierno (estableciendo una composición del Consejo Administración en función del porcentaje de participación de cada socio o en atención a la valoración de sus aportaciones, régimen de mayorías para la adopción de decisiones indicando aquellas cuestiones de carácter estratégico que requieran mayoría reforzada, etc.).

Por otro lado, la Agrupación de Interés Económico (AIE) se presenta como una alternativa muy útil cuando el objetivo de la alianza es desarrollar una actividad económica auxiliar a la de sus socios. Respecto a la AIE debemos destacar su régimen de responsabilidad por deudas, según el cual, la responsabilidad por deudas es inicialmente de la AIE, si bien, sus socios responden subsidiaria e ilimitadamente (y de forma solidaria ente ellos), con independencia de su cuota de participación. No obstante, es posible regular inter partes, es decir, sin eficacia frente a terceros, la distribución de responsabilidad entre los socios.

Por último, es preciso hacer una referencia a la Unión Temporal de Empresas (UTE), la cual, a diferencia de la AIE, carece de personalidad jurídica, si bien, resulta un vehículo apropiado para la colaboración de varias empresas por tiempo determinado (máximo de 10 años) con el objetivo de desarrollar una obra, servicio o suministro concreto. Aunque tradicionalmente ha sido una figura típica en la contratación pública, nada obsta para su utilización en el ámbito privado. Los miembros de la UTE deben ser empresarios y, debe tenerse en cuenta que su responsabilidad por las deudas de la UTE será solidaria e ilimitada.

Como último apunte, no debemos olvidar el componente contractual de las citadas figuras asociativas, por lo que debemos remitirnos a lo comentado en el artículo precedente Alianzas internacionales (II). Primer paso de la internacionalización de empresas: Los Contratos internacionales, en relación con la conveniencia de que en todos los contratos de colaboración entre empresarios se incluyan cláusulas que de forma específica y detallada regulen cuestiones como, posibles obligaciones de exclusividad y no competencia, derechos de uso de marcas, confidencialidad, régimen de incumplimientos, garantías y legislación aplicable.

   

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