EL PROTOCOLO FAMILIAR COMO INSTRUMENTO NECESARIO EN SITUACIONES DE INCERTIDUMBRE

En la actual situación de crisis económica e incertidumbre en la que nos hallamos el Protocolo Familiar se convierte más que nunca en una herramienta necesaria para la continuidad y permanencia de la empresa familiar.

Si bien inicialmente se fue introduciendo de forma tímida por parte de algunas empresas, siguiendo la experiencia de países extranjeros, sobre todo del ámbito anglosajón, hoy en día el Protocolo Familiar forma parte de nuestra realidad jurídica y se ha revelado como un instrumento imprescindible para garantizar el futuro de las empresas familiares.

Es más, toda empresa familiar que pretende desarrollar su actividad y seguir manteniendo su carácter familiar en el futuro es consciente de la necesidad, casi se puede hablar de la obligación, de firmar un Protocolo.

Este instrumento jurídico se ha revelado como el medio más eficaz para lograr un gran pacto entre los socios propietarios de la empresa, la familia y la propia empresa, con la finalidad de preservar el patrimonio empresarial y familiar, y a la vez mantener los valores familiares de la empresa continuando con su actividad en el futuro.

En efecto, la experiencia demuestra que aquellas empresas que disponen de un Protocolo Familiar son capaces de continuar y permanecer durante generaciones manteniendo su carácter familiar, mientras que aquellas que no disponen de este instrumento, a la larga acaban desapareciendo o perdiendo tal carácter.

La razón de esto no es otra que el carácter del Protocolo Familiar como medio que anticipa y sirve como mecanismo de prevención de conflictos. A medida que las diferentes generaciones familiares van accediendo a la propiedad y a los cargos de responsabilidad de una empresa familiar, resulta imperativo establecer unas normas y pautas que sirvan, por ejemplo, para regular quiénes se pueden convertir en socios de la empresa, cómo se va a acceder a puestos de trabajo por parte de los miembros de la familia propietaria, en qué casos se van a poder transmitir las acciones y/o participaciones de la empresa y de qué forma, cómo van a funcionar la Junta de socios y el órgano de administración de la sociedad, entre otras cuestiones. Se trata de reglas, en definitiva, para profesionalizar la empresa familiar.

Todas estas cuestiones, si no han sido reguladas convenientemente, son fuente segura de conflictos, puesto que al no existir unas reglas establecidas de forma clara, los familiares propietarios de la empresa, con distintas visiones e intereses contrapuestos respecto a la misma, pueden y de hecho, en la realidad, terminan enfrentados y enzarzados en conflictos que acaban desembocando en la desaparición o en la venta de la empresa familiar a terceros.

La realidad demuestra que no todos los miembros de una familia propietaria están interesados en intervenir en la gestión o en convertirse en socios de la sociedad y de hecho, no es necesario para la continuidad de la empresa que todos los miembros de la familia propietaria trabajen o desempeñen cargos en la misma. En concreto, en muchas empresas familiares, únicamente parte de los miembros de la familia propietaria, aquellos que verdaderamente están comprometidos y reúnen la capacidad necesaria para ello, intervienen en los órganos de dirección y/o gestión de la empresa familiar. Es más, existen empresas en las que la familia propietaria no interviene en la gestión, y la misma se desarrolla por profesionales externos, dado que así se ha decidido por la propia familia por considerarlo lo más conveniente para los intereses de la empresa.

Una de las principales cualidades del Protocolo Familiar es su flexibilidad y su posibilidad de adaptarse a las circunstancias y cambios que surjan en el futuro. En ningún caso es un documento rígido e inmutable que no puede ser modificado. Dado su carácter de pacto, de acuerdo adoptado de forma voluntaria por los miembros de la familia propietaria de la empresa familiar, miembros que a lo largo de los años van a ir cambiando, dicho pacto también puede, y de hecho incluso debe, ser modificado para adaptarlo a las necesidades tanto de los socios familiares como de la propia empresa.

Podemos afirmar que el Protocolo Familiar es un instrumento vivo creado por los propios miembros de la familia con el objeto de garantizar la permanencia de la empresa familiar en el futuro.

Tan importante como el propio documento resulta el proceso previo que lleva a su firma. Este proceso implica a toda la familia propietaria y hace que sus miembros pongan en común y a cara descubierta, todas sus opiniones y visiones sobre la empresa y sobre la propia familia, suponiendo en muchas ocasiones el Protocolo Familiar una oportunidad para descubrir y conocer los pensamientos y sentimientos respecto a estas cuestiones. El asesor que colabora en la redacción de un Protocolo lleva a cabo muchas veces, además de un asesoramiento legal, un asesoramiento consistente en una labor de mediación y de asesoramiento psicológico para ayudar a todos los firmantes a acercar posturas y a lograr acuerdos que satisfagan a todos.

Por ello, el Protocolo Familiar debe ser suscrito en un momento en que no existan conflictos entre los propietarios de la empresa, puesto que de nada sirve este pacto si no existe la voluntad de cumplirlo. Será una norma de obligado cumplimiento para la familia propietaria únicamente si los miembros de esa familia manifiestan su firme voluntad de obedecer y aplicar las normas y reglas que el mismo establece. En otro caso, se convierte en papel mojado.

Además, está comprobado que en aquellas sociedades en las que se ha suscrito un Protocolo Familiar, el mismo ha servido como medio no sólo para garantizar la estabilidad y pervivencia de la empresa, sino incluso como instrumento que ha conseguido y preservado la paz familiar y ha evitado conflictos que de no existir este documento, se hubieran originado de forma inevitable.

Por ello, el Protocolo Familiar se ha convertido en una herramienta esencial para garantizar el futuro de la empresa familiar.

   

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