FISCALIDAD DE LAS DISTINTAS OPCIONES PARA FINANCIAR LA ACTIVIDAD

Dado el mercado al que actualmente nos enfrentamos, las sociedades se plantean cómo llevar a cabo la financiación de sus actividades en el extranjero. El problema reside en financiarlas de manera que se pueda conseguir el mayor retorno de la inversión.

El objetivo de este artículo es hacer una breve referencia a la incidencia sobre las distintas alternativas de financiación para actividades en el extranjero, ya que, esta búsqueda de financiación, si no se hace desde una correcta planificación, puede derivar en un alto coste fiscal.

En este sentido, dos son las fórmulas a las que se puede acudir a la hora de atender las necesidades financieras: incremento de sus fondos propios o endeudamiento. Adelantamos que, de antemano, ninguna de las dos es más ventajosa que la otra, sino que dependerá de las circunstancias concretas del proyecto a financiar. No es lo mismo que una filial que vaya a financiar a su matriz no residente, que sea la matriz quien financie a la filial o que la operación se realice entre dos sociedades independientes. Lógicamente, también hay que tener en cuenta las particularidades del país en que se encuentren las sociedades que interviene.

La cuestión se centra entre estas dos alternativas de financiación y las consecuencias fiscales que se derivan de cada una de ellas, dada la falta de neutralidad del sistema fiscal. Aunque también existen formas de financiación que podríamos llamar híbridas, que combinan características de capital y deuda y su aplicación podría resultar interesante en algunas situaciones no vamos a analizarlas en este momento.

En el caso que se opte por financiación vía toma de participación o aumento de los fondos propios de la participada, debemos comenzar por analizar si la aportación de fondos tendrá algún tipo de tributación por operaciones societarias, así como la posible tributación de la desinversión, ya sea vía devolución de capital o prima de emisión o vía venta. También hay que analizar la retención y tributación de la distribución de dividendos en el país de origen.

A grandes rasgos debemos indicar que el gravamen en la fuente se limita o elimina por el efecto combinado de los Convenios de Doble Imposición, las Directivas Comunitarias y la exención prevista en la normativa española como método para evitar la doble imposición. Por otra parte, también hay que tener en cuenta las limitaciones a la deducibilidad de la pérdida de valor de las participaciones en las que se ha materializado la inversión.

Si la opción es financiar mediante préstamos, el coste de la financiación es un elemento esencial a la hora de analizar la naturaleza y rentabilidad de la inversión.

Uno de los puntos a analizar es la retención que soportará en origen el pago de los intereses. La retención afecta porque puede generar un crédito fiscal inferior a la retención soportada, esto hará que se produzca un incremento en el coste de la financiación.

Por otra parte, debemos considerar la existencia de una posible norma que limite la deducción de estos gastos financieros para el prestatario. Con la normativa doméstica, después de la reforma operada en territorio común , y en territorio foral , los Territorios Históricos vascos son los únicos que han mantenido el régimen de subcapitalización. Las empresas deben tener en cuenta este hecho porque, por lo general, resulta más favorable el régimen de subcapitalización que el que limita la deducibilidad de gastos financieros en territorio común y Navarra.

La consecuencia principal que se deriva de la aplicación de la norma anti-subcapitalización es la reclasificación de determinadas cuantías de intereses (gasto financiero) en dividendos y su consecuente no deducibilidad de la base imponible de la sociedad financiada, siendo en el ámbito de operaciones de financiación internacional donde se producen las consecuencias más importantes de su aplicación. Desde la perspectiva del pagador, sobre los intereses calificados como dividendos por aplicación de la norma de subcapitalización, además de su consideración como no deducibles, puede generar problemas la obligación de retener. La regla general es la retención de los intereses y de los dividendos. Como excepción, no existe obligación de retener en el caso de dividendos pagados entre matriz-filial dentro de la Unión Europea. En el caso de países terceros con los que se ha firmado un Convenio para evitar la doble imposición, el contenido del Convenio puede modificar el tipo de retención aplicable, que, en general será distinto del tipo aplicable para los intereses. De una correcta calificación de la operación desde un primer momento o de una actuación por parte de la Administración posterior de la operación se derivarán consecuencias que se deben conocer desde el principio del estudio de una posible línea de financiación.

Para considerar todos los efectos fiscales de la financiación, también hay que tener en cuenta las perspectivas de beneficio, tanto de la sociedad proporciona los recursos financieros, como de la que los recibe.

Si la actividad a financiar es nueva y se prevé que no producirá beneficios en los primeros ejercicios, acudir al endeudamiento supondrá generar un mayor gasto financiero que generará mayores pérdidas a compensar en ejercicios futuros; mientras que la prestamista obtendrá unos ingresos que deben tributar en el propio ejercicio. Además, si se produce el impago de intereses o del principal, hay que recordar las limitaciones a la deducibilidad del gasto por insolvencia de sociedades vinculadas. Si, por el contrario, se prevé que la actividad financiada obtenga beneficios y la financiadora tenga pérdidas o tenga bases negativas para compensar o deducciones pendientes, la vía del endeudamiento resultará fiscalmente más eficiente. En ambos casos, hay que tener en cuenta las limitaciones a la compensación de bases negativas y a la deducibilidad de gastos financieros.

En suma, las fórmulas de financiación no son neutrales, debiendo analizar en supuesto ante el que nos enfrentamos para poder determinar la fiscalidad más adecuada para las necesidades de la empresa.

   

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