LA CREACIÓN DE UNA FILIAL COMO CAUSA DE SEPARACIÓN DEL SOCIO (A propósito de la STS de 10 de marzo de 2011)

En la gestión de las empresas es habitual que se creen filiales encargadas de llevar a cabo actividades complementarias a la que desarrolla la dominante, lo que permite, a su vez, delimitar los riesgos que estas iniciativas puedan generar. Además, la creación de filiales es una manifestación evidente del proceso de gestación de un grupo empresarial con la relevancia que dicha nueva configuración empresarial conlleva.

Desde una perspectiva jurídica, la creación de una filial constituye un fenómeno de gran trascendencia porque supone la generación de nuevas empresas cuya titularidad pertenece íntegramente a la empresa matriz o dominante. Ahora bien, con la creación de estas nuevas entidades los derechos de los socios de la dominante se ven perjudicados porque pasan a tener un papel menos relevante en la nueva sociedad creada, del que tienen en la sociedad dominante. La creación de la sociedad filial parte de la decisión del administrador de la sociedad dominante y va a ser éste quien va a gestionar directamente a la filial. La sociedad dominante es su único titular, y sus intereses van a ser representados exclusivamente por su administrador. Un proceso de filialización comporta, por tanto, un efecto “mediatizador” sobre la posición de los socios de la sociedad dominante que pierden su protagonismo en la gestión de la empresa. Es por ello por lo que se recomienda, aunque no haya una regulación expresa al respecto, que este tipo de decisiones se adopten con la autorización de la junta de socios de la sociedad dominante con el objeto de que los socios muestren su parecer favorable a la creación de un ente que pueda alterar sus derechos como socio.

En este estado de la cuestión, es importante destacar el nuevo sesgo que ha adquirido dicho tema con la Sentencia del Tribunal Supremo de 10 de marzo de 2011. En este caso el Alto Tribunal estima que la creación de una filial puede conllevar a su vez la modificación sustancial del objeto social aunque el negocio se desarrolle en el mismo sector en el que se ubica el de la sociedad dominante. Separándose, por tanto, de los planteamientos tradicionales, el Tribunal Supremo considera que sustituir la explotación directa de una actividad industrial por la explotación de acciones y participaciones sociales a través de la creación de una holding, supone la pérdida de poder del socio que no participa en la gestión y comporta la sustitución de las reglas de juego que han movido a ese socio a tomar la decisión de formar parte de dicha sociedad. De este modo, la consideración de que la creación de una filial constituye un supuesto de modificación sustancial del objeto social (art. 346.1º a) LSC), no sólo supone que la junta de socios debe aprobar dicho acuerdo para que pueda llevarse a cabo, sino que abre la puerta a que el socio disconforme con dicha decisión pueda desvincularse de la sociedad y percibir el valor razonable de sus participaciones o acciones que tuviera en la misma.

La intención de crear un grupo se puede complicar, por tanto, desde un punto de vista jurídico, conforme a este primer pronunciamiento judicial en el que se equipara la creación de una filial con una modificación sustancial del objeto social. Los socios que estén disconformes con la nueva estructuración empresarial diseñada tienen ahora una vía de salida de la sociedad que les permite recuperar su inversión. Y al mismo tiempo, las sociedades ante esta nueva interpretación pueden tropezarse con un nuevo obstáculo en dicho proceso. Habrá que ver con atención la orientación que el Tribunal Supremo sigue al respecto en otras resoluciones para comprobar si finalmente se convierte esta tendencia en línea jurisprudencial consolidada.

   

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