LA RELACIÓN JURÍDICA EN EL CONTRATO DE PILOTAJE

Desde que las bigas y cuadrigas (carros tirados por dos y cuatro caballos, respectivamente) surcaban las arenas del Circo Máximo romano, la pasión de los aficionados a las carreras no ha dejado de aumentar. En la actualidad, la pasión por este tipo de eventos se ha transformado hasta llegar al mundo del motor de las dos y las cuatro ruedas.

A diferencia de los primeros, que tenían estatus de esclavo, los pilotos de carreras de la actualidad pueden ser considerados como iconos de masas. De tal modo, en la relación que estos “jinetes” del siglo XXI tienen con sus respectivos equipos y patrocinadores no se deja nada al azar, pues generan ingentes cantidades de dinero provenientes de las más distintas fuentes: derechos de televisión, publicidad, contratos con los circuitos y, así, un largo etcétera.

Los contratos de pilotaje, ya sea de motos o coches, son actos jurídicos con unas prestaciones estipuladas bastante complejas, normalmente, conforme a Derecho inglés o suizo (en las categorías inferiores se suele estipular conforme al Derecho del país en el que radique el equipo). Abarcan, como mínimo, los siguientes extremos: marco del contrato, obligaciones del piloto y del equipo, la retribución, los derechos de imagen y las causas de extinción del vínculo.

En primer lugar, es necesario establecer cuál será el objeto y rasgos básicos del contrato. Evidentemente, y con independencia de la denominación que se le dé, el objeto del mismo, en síntesis, sería la colaboración entre piloto y equipo para obtener los mejores resultados deportivos posibles. No obstante, se deberá tener en cuenta la disposición de medios económicos y humanos que el equipo haga para modular este extremo (aunque no existe una garantía de resultados por parte del piloto).

Por lo que respecta a las obligaciones del piloto, son de lo más variopinto. Por supuesto, debemos hacer referencia a los compromisos deportivos: el piloto deberá estar a disposición del equipo para participar en todos los entrenamientos, carreras y test propuestos en el calendario. También deberán obtener los permisos necesarios para participar en la competición en cuestión (licencias y autorizaciones de la Federación Internacional de Automovilismo (FIA) y de Motociclismo (FIM)), pues sin dichas habilitaciones les será imposible ocupar efectivamente su puesto a bordo del vehículo.

Serán regulados igualmente aspectos como el estado físico. No se puede obviar que el mantenerse en forma es punto imprescindible en la relación con el equipo, pues son deportes con gran exigencia para el piloto. Esto incluye el evitar la ingesta de cualquier sustancia que pueda ser considerada como dopante, pues, en el caso del automovilismo, la FIA recientemente firmó el Código Mundial Antidopaje, incluyéndolo en sus normas internas (hay que recordar casos como el de Igor Walilko, piloto que con sus 13 años fue sancionado por ingerir estimulantes prohibidos).

Por último, los pilotos se verán vinculados por la obligación de colaborar en el desarrollo técnico de sus respectivas monturas, extremo necesario para lograr resultados óptimos en el desempeño de la competición. Dicho desarrollo deberá ser confidencial y nunca podrá dar detalles sobre las actuaciones dadas en la gestión y mejora de su coche o moto.

Una vez concretados, grosso modo, los cometidos del piloto, es imprescindible observar el otro lado de la balanza: el equipo. En la relación contractual que nos ocupa, la parte fuerte será esta última, pues es quien realmente establece y coordina las directrices a seguir, amén de tener la capacidad de contratar a aquel piloto que más le satisfaga. No obstante, de su lado recaen cargas de suma importancia, sin las cuales la consecución de objetivos es poco menos que imposible. Precisamente, una de las obligaciones principales del equipo será el poner a disposición del piloto todos aquellos elementos y recursos, materiales y humanos, que sean imprescindibles para la ocupación efectiva de su plaza en el campeonato o evento (o sea, vehículos y transporte de los mismos, ingenieros…). Otras cargas que podremos observar en la relación serán la designación como piloto oficial del equipo o obligación de no discriminación del piloto respecto de otros. Así, por ejemplo, fue muy comentado el posible caso de discriminación que habría sufrido el piloto español Fernando Alonso en su estancia en el equipo McLaren-Mercedes respecto de su compañero Lewis Hamilton, novio de la hija del patrón del equipo, Ron Dennis.

Como anteriormente apuntábamos, la repercusión que los eventos del motor tienen en la vida actual es claramente significativa. Cada año, los equipos y constructores obtienen ingresos multimillonarios en concepto de derechos de imagen y audiovisuales. A estos efectos, los pilotos tienen una gran importancia pues, en múltiples casos, decantarán a cientos de tifossi hacia un equipo u otro.

Es por esto, que los derechos de imagen serán objeto de un tratamiento exhaustivo en los contratos que nos ocupan. En estos acuerdos se realiza una clara distinción entre lo que es la imagen deportiva y la imagen personal del piloto. La explotación económica de la primera quedará cedida al equipo de modo exclusivo (dando lugar a determinadas excepciones en casos concretos). Esto tendrá como resultado un pacto sobre el régimen de los derechos de merchandising de productos del equipo en los que tenga relación el piloto (véanse las camisetas de un determinado piloto que milita en determinado equipo, por ejemplo).

La explotación económica de la imagen personal del piloto, sin embargo, podrá ser cedida al equipo o, bien, podrá retenerse por el piloto para que la explote por su cuenta. Esto vendrá anudado al pacto de que el equipo o, bien, sus colaboradores respetarán la figura del piloto y no realizarán actividades o declaraciones que puedan dañar la imagen personal del mismo, caso que incluso podría dar lugar a la resolución contractual.

¿Cómo será la relación en lo que a remuneración se refiere? Este es uno de los puntos más controvertidos de la relación contractual. En un primer lugar, debemos estratificar en categorías de pilotos, pues no se puede considerar, ni mucho menos, igual a un piloto de primera línea que a un piloto de la zona baja de la tabla de clasificaciones (y ya no digamos de categorías inferiores…).

Atendiendo en primer lugar a los últimos, los más complejos, normalmente serán ellos mismos quienes tengan que hacer frente a la financiación de la temporada o evento. ¿Cómo lo realizarán? Pues, básicamente, mediante el contrato de patrocinio, que es un contrato autónomo, con sponsors que “rellenarán” el vehículo de publicidad. Así, la retribución del piloto podrá venir dada por la cesión por parte del equipo de espacios publicitarios que negociará directamente con los patrocinadores. Además de los espacios publicitarios, suelen existir incentivos en forma de bonus por la consecución de objetivos deportivos.

En el caso de los pilotos de primera línea parece más sencillo, pues su fama y sus resultados deportivos impulsan al equipo a remunerarle directamente.

Además de esto, es bastante frecuente que en la regulación contractual se negocien otros aspectos tales como los gastos de alojamiento, gastos de viaje o el reparto de los premios en metálico, que adoptan tratamientos muy variables.

En lo que a las formas de extinción de la relación piloto-equipo supone, no hay una lista cerrada. Aun así, se suelen dar unas determinadas causas que, por otro lado, se antojan bastante lógicas. Entre ellas encontramos, en primer lugar, la muerte o incapacidad del piloto. Este es un caso curioso, cuanto menos, pues en el propio contrato el piloto renunciará, en unos deportes de riesgo extremo como estos, a todo tipo de acciones contra el equipo o patrocinadores por esta causa. Como anteriormente se mencionaba, también se considerará causa de extinción el causar daño a la imagen personal (o empresarial, en caso del equipo) de una de las partes por la otra.

Otros supuestos interesantes serían: la pérdida de la licencia de piloto, los resultados deportivos adversos o la posibilidad de que el piloto tenga la posibilidad de comenzar a correr con equipos de categorías superiores.

Como conclusión, deberemos observar siempre que estos contratos tienen un gran calado dispositivo. Todo aquello a lo que hemos estado haciendo referencia con anterioridad es, en este mundo del motor, bastante relativo a pesar de que se haya intentado dar un enfoque lo más cercano posible a esta cuestión. Siempre deberemos pensar (como en la mayoría de los ámbitos del deporte) que las situaciones de cada piloto son completamente distintas y esta situación se verá claramente reflejada en su relación contractual con el equipo.

   

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